Hoy en día es necesario que desde las Instituciones Educativas se entienda a la enseñanza de la lengua como tarea de los docentes de todas las áreas y asignaturas; los usuarios competentes de la lengua pueden comprender la multitud de mensajes que recibimos, evaluar la información, verificar su validez y adoptar posturas al respecto. Formar ese tipo de individuos es uno de los propósitos de la educación en Colombia.
En la escuela el lenguaje ocupa un lugar relevante porque, además de ser un instrumento insustituible en el proceso de enseñanza-aprendizaje, es en sí mismo objeto de estudio. En este punto resulta necesario reflexionar en torno a la imposibilidad de construir conocimientos sin el lenguaje. ¿Cómo enseñarían los docentes de cualquier área sin hacer uso del lenguaje?, ¿cómo expresarían los estudiantes sus ideas o dudas?, ¿cómo comunicarían lo que saben o piensan?, ¿cómo argumentarían o ejemplificarían los actores educativos?, ¿cómo se estructuraría el pensamiento?, ¿cómo se establecerían relaciones entre diferentes ideas?
Es por ello, que somos parte de una sociedad donde el lenguaje ha sido una herramienta que nos ha servido, entre otras cosas, para acceder a las diversas manifestaciones del conocimiento; así el lenguaje posibilita dos funciones esenciales y complementarias: la representación y la comunicación, ambas permiten la autorregulación del pensamiento, que sucede cuando, después de analizar y evaluar algo, volvemos y nos preguntamos, confirmamos nuestras ideas, las validamos o corregimos si es necesario. Además, no olvidemos que el lenguaje facilita y propicia la interacción social.
Es por tal motivo, que las Instituciones Educativas deben desarrollar un currículo en el área de humanidades que responda a las necesidades de los educandos, teniendo en cuenta que el propósito fundamental de este es la formación y el desarrollo en los alumnos y alumnas, de una identidad, una conciencia, una moral, que les permita definirse como personas individuales, que se asume son sin duda alguna, muy trascendentes.
Debemos decir desde ya que en la escuela no solo son formativos los mensajes explícitos que quedan expresados en el currículum manifiesto, sino que también lo son -Y con mucha fuerza- los mensajes implícitos, aquellos que están enraizados en la cultura de la escuela, es decir en su "Currículum oculto".
El proceso de desarrollar curriculum, es decir diseñar y planificarlo para su puesta en acción, requiere en primer término comprender lo que él es y hace. Es decir, profundizar en la teoría del currículum y en las concepciones curriculares que orientan ente proceso. En otras palabras, el desarrollo curricular no es una tarea que se realice de manera arbitraria, neutra o desprovista de un norte orientador. Esto se debe a que, en el proceso de desarrollo curricular, está en juego una concepción de hombre y de sociedad y por consiguiente un sistema valórico.
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